Mariella Azzato: Instituciones de Educación Superior (IES) deben transformarse para enfrentar retos de la pospandemia

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La transformación que la enseñanza de la pandemia exige a las IES

Un estudio de prospectiva publicado en el informe Horizon Report 2021, evidencia cuatro posibles escenarios pospandemia para el futuro de las Instituciones de Educación Superior: crecimiento, restricción, colapso y transformación, este último, conformado por un nuevo paradigma asociado a modelos híbridos de enseñanza, jerarquía vertical y espacios presenciales que mutan lejos del concepto de salones de clases y pupitres convencionales.

Si hay algún sector de la sociedad que se ha visto especialmente impactado por la pandemia, es sin duda el de la educación superior, especialmente en regiones como América Latina, donde se exacerbaron problemas institucionales y organizativos que ya estaban diagnosticados desde el siglo pasado y que llegaron a la segunda década del siglo XXI sin ser resueltos. Todo ello combinado con debilidades tecnológicas y comunicacionales para el acceso masivo y eficiente a Internet.

Tres son los aspectos que al entender de la profesora Mariella Azzato, vicerrectora administrativa de la Universidad Simón Bolívar de Venezuela, adeudan las Instituciones de Educación Superior (IES) a la sociedad: el acceso, la cobertura y la progresión.

La experta, quien es además arquitecto​ y ​especialista en Informática Educativa, refiere datos del Banco Mundial que aseguran que en los sectores más deprimidos, el acceso a la educación superior llega apenas a 10%, mientras que la deserción está muy cera de 50%. Sin dejar de mencionar, como factor agravante, lo que ha implicado la falta de inversión en el área, “porque no se ha entendido aún la importancia de lo que significa la educación para el individuo y las sociedades”.

Pero cuando hablamos de IES, tal vez una de las principales carencias esté anclada en su propia naturaleza conservadora, que le dificulta incorporar elementos de cambio. Ello se ha traducido, entre otros aspectos, en una ausencia de variedad en la oferta, por cuanto, explica la profesora Azzato, “no existen opciones de programas académicos distintos, hay un problema de articulación de lo significa la oferta de la educación superior con las prioridades nacionales y las del entorno laboral, además del divorcio entre la Universidad y todos aquellos subsistemas que ofrecen programas cortos que tienen que ver con la postsecundaria”.

Adicionalmente, “existe un tema muy sensible asociado a la calidad, hay universidades que no cumplen con los estándares necesarios en este sentido y que tienen la misma oferta de instituciones prestigiosas, con muchos años de tradición y credibilidad”.

Otro de los puntos frágiles de las IES, mencionado por la vicerrectora, es el de los sistemas de acreditación, por cuanto las universidades están siendo evaluadas con estructuras conservadoras, “por eso la importancia de la Agenda 2030 que apunta a un cambio en este sentido, incluyendo parámetros distintos a los tradicionales”.

Por último, pero no por ello menos importante, el tema de “la tecnología era visto antes de la pandemia no como una necesidad obligante, sino, por el contrario, como apenas una opción”. Esto, resalta Azzato, “no tiene nada que ver con que un grupo de profesores haya tomado un curso de uso de tecnologías o que varios programas estuvieran en línea, el uso de la tecnología va mucho más allá, e implica una cultura de uso de plataformas complejas de enseñanza y evaluación y de adaptación de los currículos a modalidades online”.

Tal vez este último sea uno de los elementos más sensibles evidenciados por la pandemia, por cuanto, enfatiza la profesora, “la presencialidad, que era el cimiento sobre el cual se basaba la educación superior, desapareció de golpe, y lo único que nos quedó hacer a los integrantes de la comunidades universitarias fue mirarnos unos con otros, frente a un shock que nos paralizó a todos, porque nadie estaba preparado para esto, ni como institución ni como comunidad”.

¿Cuáles son los grandes aprendizajes que se tienen hasta el momento de la etapa de la pandemia?

“Entendimos rápido que las tecnologías eran indispensables y no una simple opción, también entendimos que el espacio de formación cambió, esto del habitar, del estar, del intercambio entre profesor y estudiantes en un espacio físico, con un mobiliario colocado de una manera determinada, comenzaba a tener otras dimensiones”.

“También entendimos que empezó a crecer una oferta informal en línea, con instituciones ofreciendo lo que se conoce como Bootcamp, programas intensivos cortos que, dependiendo de la complejidad, pueden ser de tres meses a un año, cuya enseñanza tiene un tipo de agilidad distinta a las de la IES, pensada para formar al estudiante en las competencias necesarias para empezar a trabajar inmediatamente”.

Más allá de la falta de servicios de las universidades o de la necesidad de ingresos rápido que hace que los jóvenes abandonen sus estudios, “una de las cosas más relevantes es que las IES ya no son una opción inmediata para que los estudiantes puedan insertarse de manera rápida al mercado laboral. Hay estudios que evidencian que este tipo de ofertas como la de los Bootcamp va en crecimiento, porque están relacionadas con la demanda del mercado y sus programas son de calidad. En el caso venezolano, donde virtualmente desaparecieron las carreras técnicas de corta duración, retomar el camino de la “educación para el trabajo” a través de carreras cortas y de nuevo diseño, es un reto esencial”.

¿Qué viene después de todo este aprendizaje?

La vicerrectora responde la interrogante tomando los términos que está utilizando el sector empresarial en este momento para hablar de la realidad y de “cómo manejarnos en un mundo bootcamp, signado por lavolatilidad, la incertidumbre, la complejidad, y la ambigüedad”, asegurando que ahora es imprescindible trabajar en “cómo podemos atender situaciones complejas en ambientes ambiguos”.

Explica la profesora Azzato, que el estudio de prospectiva publicado en el informe Horizon Report 2021, evidencia cuatro escenarios posibles para el futuro de las IES. “Un documento puede ofrecernos ciertas líneas de acción”.

El primer escenario es el de crecimiento sin hacer cambios en las universidades; el segundo, es el restrictivo, que implica, que una vez decretado el final de la pandemia, las IES vuelvan a los mismos esquemas de antes; el tercero, es un escenario de colapso total, por cuanto cada vez más la IES está siendo llevada a los extremos, “se les está exigiendo que cambien e incorporen nuevos modelos que escapan al control de su naturaleza poco ágil y no dispuesta al cambio”.

Finalmente, se plantea el escenario de la transformación, “que incluye todos los elementos de un nuevo paradigma relacionado con modelos híbridos, jerarquía vertical y espacios presenciales que empiezan a mutar lejos del concepto de pupitres a espacios tipo laboratorios, con un esquema horizontal de aprendizaje”.

En este contexto, “emergen algo muy importante, las microcredenciales, aportadas por las IES que tendrían que constituirse como el ente que verifica, valida y atestigua que los estudiantes están aprendiendo también en otros entornos informales y, definitivamente, los recursos abiertos”.

La experta está convenida de que las IES deben saber leer los grandes desafíos planteados por la pandemia, resolver cómo poder ser más agiles y “si no podemos serlo, generar estructuras con aliados naturales que sí lo sean, para empezar a trabajar conjuntamente”.

La agilidad de los estudios intensivos, por ejemplo, “pueden nutrir a los programas de la universidad y viceversa, y complementar las competencias vinculadas con lo que el entorno laboral requiere. Es necesario incorporar nuevos conocimientos, nuevas habilidades, pensar en microprogramas y trabajar en la cultura de lo digital”.

Finalmente, la vicerrectora deja claro que “no queremos crecer, queremos escalar a un próximo nivel. Siempre entendiendo la responsabilidad social de la universidad como generadora de conocimientos y que uno de sus centros focales es el estudiante, es necesario que la universidad se transforme en traductora y curadora de los contenidos que se están generando en otros lugares y, al mismo tiempo, en la certificadora de las competencias que también se están generado fuera de ella, pero que exigen respaldo institucional. La universidad debe ser guía de ese nuevo plan maestro y quizás el reto fundamental sea entender en este momento que las alianzas estratégicas con las empresas están proporcionando asociaciones de mayor credibilidad”.

Estas transformaciones y la compresión del cambio son indispensables para asegurar la permanencia y vigencia de la universidad. “El reto es alimentarse de otras filosofías y que la agilidad de otras instituciones sea incorporada a una estructura que por propia naturaleza conservadora ofrece resistencias internas al cambio. Este reto será especialmente importante para la universidad pública venezolana que recibe tradicionalmente el grueso de su financiamiento del Estado. Algo que se ha ido tornando en una imposibilidad en la Venezuela de hoy”.

Foto crédito: analitica.com @rastavafotografia